Por eso hoy ser mujer, no es una buena idea

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Hubo alguna vez, según la teoría darwiniana, un género que vivió su mejor etapa: la ginecocracia (autoridad de la mujer). Tiempo en que la vida transcurría y caminaba en torno a sus decisiones. Era, en ese entonces, el eje y el componente más importante de la familia, de la tribu, de la evolución humana y así subsistió por miles años. Sin embargo fue hasta la acumulación del capital y el conocido usufructo privado cuando su nicho se desmoronó y el patriarcado, violento por naturaleza, emergió y volvió todo tan desigual y opresivo.

Su presencia ha pasado casi inadvertida en los más trascendentales episodios de la historia: Edad Media, Reforma, Renacimiento, revoluciones industriales y sociales, inventos del “hombre”, desarrollo tecnológico… Y aún más, los diferentes instrumentos ideológicos que ha ostentado el poder (iglesia, medios de comunicación y educación) la han confinado tiránicamente a desempeñar un papel de desorbitada sumisión e incuestionable mansedumbre.

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La mujer, una víctima histórica

Siempre carne de cañón de las guerras, dado que los ganadores se quedaban con su cuerpo que disponían a su antojo y saciedad. Siempre ha sido, en la cronología histórica, víctima del machismo cultural, religioso y de sistemas políticos (comunistas, socialistas y capitalistas neoliberales), que han postergado y anulado cualquier intento de emancipación. Desde el surgimiento de los medios masivos de comunicación, tradicionales y hoy digitales —fieles servidores del sistema empresarial y político— han moldeado de manera subliminal y abierta su cuerpo hasta transformarlo en un producto de deseo y, por ende, de violencia por obtenerlo.

Este contexto de exclusión le ha generado una descomunal vulnerabilidad traducida en perversas expresiones de poder: acoso sexual, trata de blancas, violaciones, hostigamiento sexual, violencia intrafamiliar, en todas sus manifestaciones, y, más sanguinariamente, los feminicidios. Sobre esto último, el Estado, a través de sus laxas leyes no ha detenido el terror hacia este género, sino más bien, su falta de actuación lo ha propiciado. De manera que las mujeres se enfrentan a una inseguridad desproporcionada, que se combina con la exponencial e incontenible multitud de crímenes que, en el tiempo actual, se realizan con saña inaudita. Por eso hoy ser mujer, no es una buena idea.

Por: Miguel Martínez Curiel, Doctor en Pedagogía por la UNAM. Docente de la licenciatura en Comunicación y Periodismo, FES Aragón, UNAM. Profesor de posgrado en la Universidad Insurgentes y Universidad YMCA.

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